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Declaracion De Fe

1. Las Sagradas Escrituras.

Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, inspirada plenaria y verbalmente, la regla final por medio de la cual Dios se dirige a su pueblo en asuntos de fe y conducta, sin error en los manuscritos originales, infalible e inspirada directamente por Dios, completa, a la cual, no se le puede agregar ni quitar palabra alguna (2Tim.3:16-17; 2Pedro 1:21; Mt. 5:18; Juan 16:12-13; Gál.1:8-9; 1Pedro 1:25; Apocalipsis. 22:19).

 

2. El único Dios verdadero manifestado en la Trinidad.

Creemos en la existencia eterna de un Dios, el creador del cielo y de la tierra; que a pesar de sus diferentes atributos y su auto revelación en las tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, es UNO solo, una sola Deidad en que están unidas dichas personas. Cada una de las personas de la Trinidad es Dios, teniendo los mismos atributos de Dios, iguales en poder y gloria y con responsabilidades distintas pero armoniosas en la gran obra de redención. (Gén.1:1; Deuteronomio. 4:35; 6:4; 32:39; 2Cor.13:14; 1Cor.8:4,6; Mt. 3:16,17; 28:19,20; Juan 1:1-3; 5:36-40; Rom.1:1-6; Efe.1:3-10; 4:3-6).

 

4. La Persona y Obra del Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es una Persona divina, que posee todos los atributos de la personalidad y de la deidad, quien convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio; creemos que es el Agente sobrenatural de la regeneración, y él que bautiza a todos los creyentes, uniéndolos al Cuerpo de Cristo, morando en ellos, y sellándolos para el día de la redención. Él es uno con el Padre y con el Hijo y es de la misma naturaleza. Creemos que él es el divino Maestro, quien guía a los creyentes a toda verdad y los santifica. Al ser bautizados en el Cuerpo de Cristo, él reparte a cada creyente dones espirituales para la edificación de la iglesia y para perfeccionar a los santos en la obra del ministerio, y creemos que es el privilegio y el deber de todo hombre salvo la llenura del Espíritu Santo. Creemos en los dones de sanidades, hacer milagros, profecía, hablar en lenguas e interpretación de lenguas. (Juan 7:39; 14:16, 17,26; 16:7-15; Hechos. 1:5; 2Cor.3:6; 1Cor.12:8-14,28-31; 13:8-12; 14:26; Rom.8:9; 12:3-8; Efe.1:13,14; 4:4-16; 5:18; 1Juan 2:20,27; Heb.9:14; Apo.22:18,19).

 

3. La Persona y Obra del Señor y Salvador, Jesucristo

Creemos que el Señor Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, fue concebido milagrosamente por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María y nació de ella como su hijo primogénito, siendo a la vez, en el ministerio de su persona, verdadero hombre y verdadero Dios. El vivió una vida sin pecado y en Su muerte, se ofreció a sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo siendo así el autor y mediador de la eterna salvación. El Padre lo resucitó corporalmente al tercer día, y lo exaltó a Su diestra donde actualmente intercede por Su pueblo. Como nuestro Sumo Sacerdote, El Señor Jesucristo desempeña su ministerio de Representante, Intercesor y Abogado. El volverá un día y arrebatará a su iglesia. Luego se revelará al mundo (Apo.1:7), establecerá Su reino y se sentará en el trono de David. Ese evento es inminente y será personal, antes de la gran tribulación, y antes del milenio. (Isa.7:14; Mt. 1:18-25; 28:6; Juan 1:1; 14:3; Hechos. 1:9,10; 15:16; Rom.8:34; 1Tes.4:16; 2Tes.2:6-8; Heb.9:24; 7:25; 1Pedro 2:22; 3:18; 1Juan 2:1,2).

 

5. El Hombre, Su Caída y Redención.

Creemos que Dios creó al hombre y que él fue creado sin pecado, en un estado de inocencia, a la imagen y semejanza de Dios, pero que en el pecado de Adán la raza humana cayó. Por su propia voluntad pecó, heredando una naturaleza pecaminosa, y quedando separado de Dios; creemos que el hombre está totalmente depravado, por sí mismo enteramente incapaz de remediar su condición de perdido y entonces, bajo condenación sin defensa ni excusa. (Gén.1:26-28; 3:1-6,24; Isa.53:6; Jer.17:9; Rom.3:10-19, 22,23; 5:12-19; Efe.2:1-3,12).

La única esperanza del hombre de ser redimido está en la sangre de Jesucristo el Hijo de Dios. Génesis. 3:15

La salvación se recibe por el arrepentimiento hacia Dios y la fe hacia el Señor Jesucristo. Por el lavamiento de regeneración y renovación del Espíritu Santo, para ser justificado por la gracia por la fe, el hombre llega a ser un heredero de Dios según la esperanza de la vida eterna (Lucas 24:47; Juan 3:3; romanos 10:13-15; Efesios 2:8; Tito 2:11; 3:5-7).

La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu (romanos 8:16). La evidencia exterior a todos hombres es una vida de rectitud y santidad verdadera (Efesios 4:24; Tito 2:12).

 

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